Un estudio de Ocean Conservancy analiza por primera vez el riesgo específico de ingestión de envases para distintas especies
Una cantidad menor a un terrón de azúcar causa la muerte de uno de cada dos frailecillos atlánticos, mientras que una cantidad de casi media pelota de béisbol mata a una de cada dos tortugas bobas
Raúl Fernández Abalde
El océano se ha convertido con el paso de los años en un vertedero invisible, donde van a parar restos de plásticos que pasan de las aguas a los estómagos de los animales marinos. Estos diferentes residuos pueden causar daños perjudiciales en las especies o incluso la muerte.
Después de realizar 10.412 necropsias, o autopsias a animales, en todo el mundo, los investigadores de la organización y protección de los océanos Ocean Conservancy publicaron un estudio en el que identifican las cantidades y cualidades de plástico que pueden causar daños letales a aves marinas, tortugas marinas y mamíferos marinos. “Por primera vez se ha elaborado el riesgo específico de ingestión para distintos grupos de fauna marina y se ofrecen valores estimados no solo en número de fragmentos, sino también en función de la composición y el volumen de los plásticos ingeridos. Eso permite aproximarnos de forma mucho más realista al impacto real que tienen los plásticos sobre la salud de los organismos” explica la investigadora marina y profesora en el departamento de biología animal, biología vegetal y ecología de la UAB, Ester Carreras Colom.

Las dosis letales
"Desde hace tiempo sabemos que las criaturas marinas de todas las formas y tamaños ingieren plásticos; lo que nos propusimos comprender fue cuánto es demasiado" desarrolla la autora principal del estudio y directora de investigación sobre plásticos en el océano de Ocean Conservancy, Erin Murphy. En el estudio se comparó las dosis letales con objetos de la vida cotidiana. La cantidad de tres terrones de azúcar en materiales plásticos sería mortal para los frailecillos atlánticos. Uno de los datos según Ester Carreras Colom más alarmantes, ya que “la anatomía de su tracto digestivo presenta zonas de estrangulamiento donde si una pieza queda atascada, puede provocar lesiones severas, inanición o incluso la muerte.” Por otro lado, poco más de dos pelotas de béisbol sería suficiente para las tortugas marinas. Y para las marsopas comunes y otros mamíferos marinos, por su parte, alrededor de una pelota de fútbol.
Las cifras resultan todavía más impactantes a un nivel de mortalidad del 50%. Una cantidad menor a un terrón de azúcar en plásticos causa la muerte de uno de cada dos frailecillos atlánticos. Menos de media pelota de béisbol en plásticos mata a una de cada dos tortugas bobas. Mientras que, en el caso de las marsopas comunes, menos de un sexto de un balón de futbol mata a una de cada dos de ellas.
Las especies en mayor peligro
La investigación alerta que, de los animales analizados, un 35% de las aves, un 12% de los mamíferos y un 47% de las tortugas habían ingerido plásticos. Y, a pesar de que la mortalidad directa sea baja, ciertos plásticos son dañinos para las especies que los ingieren, algunas de ellas incluidas en la lista Roja de la UCIN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) de especies en peligro de extinción.
En España, las que corren mayor peligro son “por macroplásticos (como podrían ser bolsas de plásticos) los organismos más grandes, los atunes y sobre todo los cetáceos, porque muchos de ellos son filtradores y comen más indiscriminadamente y puede haber objetos gordos que les obstruya el trato intestinal. Pero no se puede descartar el efecto de los microplásticos sobre la microfauna” explica la profesora en el departamento de biología animal, biología vegetal y ecología de la UAB, Anna Soler Membrives. Por otra parte, “algunas especies de tortugas marinas tienden a confundir bolsas o fragmentos transparentes de plásticos con medusas, que son sus presas. En aves marinas, la morfología del tracto digestivo las hace especialmente susceptibles a obstrucciones tras ingerir piezas rígidas. Pero lo más relevante es que el impacto del plástico se suma a muchas otras amenazas fruto de la actividad del ser humano: sobrepesca, pérdida de hábitat o cambio climático. Cuando el plástico entra en la ecuación, se convierte en un factor más que puede agravar su situación a nivel de población” narra Ester Carreras Colom.
El efecto de los microplásticos
La investigación solo se centró en los efectos de plásticos grandes, no consideró otras consecuencias fruto de los plásticos como los enredos, microplásticos o impactos subletales. Por lo que, los daños que está causando a la diversidad de la vida del planeta es mucho mayor que la que ya se nos plantea.
Estos pequeños fragmentos, de menos de 5 milímetros de diámetro llamados microplásticos son fabricados intencionalmente con ese tamaño para productos como cosméticos o textiles sintéticos, pero también se pueden formar a través de la degradación de los macroplásticos. Su difícil eliminación y acumulación en el medioambiente es lo que ha hecho de ellos uno de los grandes problemas medioambientales actuales. Estos microplásticos” están rodeados por toda una serie de químicos que muchas veces son tóxicos y que, durante el tráfico intestinal, puede ser que estos nanoplásticos se vayan descomponiendo y los productos químicos que llevan alrededor se puedan absorber. Y, si se absorben, podrían hacer daños al nivel del sistema reproductor, o bien a nivel neurológico” comenta Anna Soler Membrives.
Cada año llegan más de 11 millones de toneladas de plástico a los océanos, gran parte de artículos de un solo uso. Para Anna Soler, las políticas que el gobierno debería tomar son claras “El plástico cero, esto es una cosa que políticamente se tendría que hacer desde ahora mismo y ya se tendría que haber tomado esta decisión, al menos la eliminación de los plásticos desechables”. Mientras que a nivel individual destaca las cuatro r’s “reducir, que es la más importante para mí, dejar de consumir, reutilizar, reciclar y recuperar”
Aquest contingut és una activitat formativa en el marc de l'assignatura Periodisme Científic i de Salut, sota la supervisió del professor Michele Catanzaro.